
La narrativa comercial sobre la IA puede requerir una seria reconsideración a medida que nos acercamos a 2026. Lo que inicialmente fue impulsado por los avances en chips y una programación más rápida pronto podría cambiar su enfoque hacia un elemento más fundamental y menos glamuroso: la energía eléctrica y la infraestructura.
El director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, destacó recientemente el verdadero cuello de botella en el desarrollo de la inteligencia artificial. Afirmó: «El mayor problema que tenemos ahora no es el exceso de capacidad informática. Es la energía. Es posible que tengas un montón de chips en el inventario que no puedes conectar; de hecho, ese es mi problema actual. No es un problema de suministro de chips. En realidad, es el hecho de que no tengo carcasas calientes a las que conectarlos».
Esta limitación energética se está haciendo cada vez más evidente a medida que las empresas compiten por construir centros de datos. Los plazos de entrega y espera de estas instalaciones se han alargado considerablemente, llegando en ocasiones a alcanzar entre cinco y siete años. Para las empresas tecnológicas que impulsan la innovación en IA, este retraso es insostenible, lo que obliga a algunas a asumir funciones que tradicionalmente desempeñaban los proveedores de servicios públicos.
Este cambio afecta a diversos sectores más allá de los fabricantes de chips. Por ejemplo, Nvidia se enfrenta al riesgo de suministrar enormes almacenes llenos de procesadores que no pueden activarse debido a la insuficiente capacidad energética. De cara al futuro, el auge de la IA podría evolucionar hacia una demanda más amplia en torno a los transformadores eléctricos, la red eléctrica y las infraestructuras relacionadas.
Empresas como Vertiv, Schneider Electric, Eaton y Siemens podrían convertirse en importantes beneficiarias de esta nueva narrativa. Schneider y Eaton destacan especialmente por su integración vertical en la fabricación de disyuntores, lo que les proporciona una ventaja competitiva.
Vertiv ejemplifica esta tendencia, con un aumento del precio de sus acciones desde un mínimo de 53,60 dólares a principios de año hasta 166,25 dólares, lo que supone un notable incremento de más del 200 %.
Otro factor a tener en cuenta es el posible aumento de los precios del cobre. Con la creciente competencia por las materias primas por parte de los sectores de la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos, la demanda de cobre podría dispararse, lo que ejercería una presión adicional sobre los mercados de materias primas.
Para los operadores de divisas, es fundamental comprender este panorama cambiante de la IA. Esto sugiere que los pares de divisas vinculados a economías fuertes en la fabricación industrial, la infraestructura energética o las materias primas podrían experimentar una mayor volatilidad y oportunidades a medida que se amplíe el enfoque del mercado en 2026.
Fuente original: Justin Low de investinglive.com







